Cuerpo y belleza en la antigua Grecia
“Imágenes de imágenes, sombras proyectadas del “sueño de una sombra” que pasó, pinturas: con ellas atravesamos las sombras y los sueños –la sombra donde la muerte se acurruca, el sueño que la vida condensa– para volver al punto de partida mágicamente dirigido: una mirada que no es ni pregunta ni respuesta, sino silencio y detención, testigo mudo de lo que fue” (Tomado del libro la Mirada del Retrato de Jean-Luc Nancy)
Y aunque el silencio no se traduzca en lenguaje sonoro, el cuerpo habla y evoca: su génesis, florecimiento, desvarío y ocaso manifestado en formas e imágenes idílicas, mitológicas y cotidianas de realidades de seres otros, de hombres y de hombres-hombres o mujer-hombre y viceversa para trasladarnos cual signo sacramental y hacernos presente el caos para participar de los ritos dionisiacos.
Con este sentido de experiencia de la cultura griega y su espíritu por alcanzar la sabiduría y la perfección, quiere poner en evidencia a través de sus representaciones escénicas como el Aedo, la Tragedia o en los discursos de los filósofos y, en lo que a nosotros nos toca en las cerámicas, joyas, pinturas y esculturas; esa esencia que forma parte de este mundo pero que también se le escapa. Y digo se le escapa porque el inicio de su pensar y vivir se proyecta al mundo de las ideas en el que se encuentra la bondad, la belleza y donde esta la esencia de las cosas o lo que en verdad las “cosas son”.
En este mundo solo nos quedan las sombras y, un cuerpo bello no existe en la cultura griega, por eso su afán de alcanzarlo con el conocimiento y con la gymnastiké, de ahí que nos ha legado esa afirmación de en “cuerpo sano mente sana”; con esto se entiende el frecuente encuentro de los hombres en los gimnasios griegos en su desnudez y la prácticas que en ellos se ejercían, en especial las luchas, base también de preparación para las guerras.
En el recorrido por alcanzarla -la belleza- encuentra figuras de hombres que por sus connotaciones físicas nos asemejan a estatuas, más no esculturas -los llamados KOUROS- que son alegorías de los héroes, el cual posée una Areté, es decir una excelencia o don, de cuerpo masculino desnudo que carece de movimiento, pero que hace referencia a la fuerza cuyo rostro es inexpresivo pero iluminado con sonrisa arcaica y su función era que en un rito, otro hombre se identifique con el espíritu de aquel héroe, también estaban las KURAI (figuras femeninas)
Superados los kouros, las representaciones se nos muestran diametralmente opuestas con las esculturas de los dioses griegos como Hércules, Eros, Dionisio, Perseo, etc., todas ellas apariencias de hombres terrestres, pero de esos que no existen sino que son concebidos en el pensamiento mitológico y en la idea de belleza, dadas sus expresiones y proporciones, formas y volúmenes anatómicos con movimientos lúdicos; incapaces de ser logrados en la realidad, arquetipo de estas es el Discóbolo realizada por Mirón de Eleuteras en torno al 455 a.C., que representa a un Atleta justo en el instante anterior a lanzar un disco, así como esta y las otras que quedan son copias romanas en mármol, probablemente la original fue hecha en bronce.
Surgen así también los monstruos o seres fantásticos como la ESFINGE(cuerpo de león, cabeza de mujer y alas de águila), las AMAZONAS(mujeres guerreras), los SÁTIROS (hombres carneros que formaban parte del cortejo del dios Dionisio) o los HERMAFODRITAS(genitales de varón y senos de mujer); que conviven en el pensamiento con los ciudadanos de las polis griegas.
Pero más allá de describir las representaciones escultóricas o pictóricas de la antigüedad helénica, pretendo interpretarlas o darles un significado después de las sensaciones percibidas y con las concomitantes históricas en que se desenvolvían los habitantes de las polis. No cabe duda de su dominio de la techné aplicados a las esculturas, las pinturas en las ánforas de los ritos de culto, los platos, los kílix o copas, etc., además de los temas recurrentes a los dioses -descritos anteriormente-, las clases musicales, la gimnasia y los seres cotidianos en sus vivencias que incluyen todo su erotismo sexual y su libérrimo albedrío ejecutorio con quien y donde quiera.
Se aprecia un tránsito de la idealización de los hombres a la realidad tangible cuando se observa ya “hombres o mujeres” que se envejecen y que mueren cuya eternidad se eclipsa por la finitud hay incluso figuras de niños, de ahí que es inevitable procurar ser inconsecuentes con el modo de vivir y pensar de la Antigua Grecia para compararnos con aquella, ejercicio banal con consecuencias erróneas cargadas de supuestos que salpicarían en todos los órdenes de experiencia vivencial de los griegos.
La impresión de una pieza expuesta de la mujer violada por un sátiro, trae a mi mente los detalles de la escena en que aquella que sufre el acto cruel, en su rostro no se vislumbra su suplicio, más bien se dibuja un consentimiento que me rememora a una escena paralela tomada del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, que alude: “…Debajo del manzano, allí conmigo fuiste desposada, allí te dí la mano, y fuiste reparada, donde tu madre fuera violada…”, sentidos ambos con connotaciones de experiencias sublimes y místicas que utilizando la metáfora, o aún en caso de no utilizarla, expresan su sentido profundo de dar sentido a los actos.
Nancy, Jean-Luc. (2006). La Mirada del Retrato. (Trad. I. Agoff). Buenos Aires, Argentina ( 1a ed., Amorrortu, Colección Nómadas), Pág. 53
Museo Nacional de Antropología. Cuerpo y Belleza en la Grecia Antigua Col. Chapultepec Polanco, Delegación Miguel Hidalgo, C.P. 11560. México, D.F.,http://www.mna.inah.gob.mx/index.php/salas-de-exhibicion/temporales/expos-actuales/81-cuerpo-y-belleza-en-la-grecia-antigua.html recuperado el viernes 02 de diciembre de 2011
Gombrich, E.H. (1997). La Historia del Arte. New York. (16 a ed., Phaidon Press Limited)
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